Camino por las pobladas calles de Miraflores un sábado por la noche, me siento en una banca con unos amigos, el humo de un cigarrillo no me deja ver con claridad las cosas. Mi mente sabe cosas que mi corazón me oculta. Tú me robaste una sonrisa alguna vez, pero te la quedaste, ya no la tengo en la cara.
Converso.
Pienso.
Existo.
Me doy cuenta que no hay motivo para ponerme así por una huevada. Cuando una puerta se cierra se abren muchas más. ¿Qué ganó poniéndome así? Sufrir más. ¿Qué pierdo? Esencia.Converso.
Pienso.
Existo.
No parece un negocio rentable, ¿cierto?
Tener que mirar hacia adelante sin quedarse en el pasado no es nada fácil.
Expulsar todos esos sentimientos. Escapar de esa prisión oscura de soledad.
A veces siento que todo fluye, todo va bien, el tren de la vida toma las rieles de nuevo y su próximo destino es la felicidad.
Entre más vacía esté la vida, más pesa.
Los recuerdos golpean la realidad como una pequeña piedra golpea tu ventana en una noche de soledad. La realidad no es más que una frágil copa de cristal, dispuesta a romperse en cualquier momento.
Aunque ustedes, quienes lean ésto, no son más de unas 5 personas con suerte, recuerden que nada está escrito, la vida es un libro en blanco y tenemos el lapicero en la mano. La realidad como mencioné antes, es abstracta, es una distorsión esperando ser definida. Podemos hacer lo que queramos con nuestras vidas, somos nuestros propios dueños, dueños del destino, dueños del universo.
Actitud optimista. Me gusta.
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